Democracia y participación

Clyde Soto, investigadora social, analiza el sistema político y democrático actual del país y propone soluciones para erradicar las desigualdades a través de cambios reales.

Erradicar las desigualdades

Por Clyde Soto

El problema

El principal problema de Paraguay es que la grave desigualdad social y económica no es objeto de importancia para el Estado y el sistema político. Lo es también el sistema judicial corrupto que criminaliza a quienes se organizan para luchar contra esas desigualdades. Gran parte de los actores con poder de decisión en el Estado son actores que tienen intereses económicos muy grandes y que actúan para consolidar factores de desigualdad, como la distribución de la tierra, la pobreza del campesinado y la falta de servicios del Estado. Esto se traduce en problemas visibles a nivel democrático, como el golpe parlamentario del 22 de junio de 2012, calificado de actuación democrática, porque la mayoría de parlamentarios votó a favor de destituir a un presidente electo legítimamente por la población.

La sociedad quedó polarizada y quizá donde haya más acuerdo es que necesitamos llegar a las elecciones del 21 de abril para volver al punto dónde estábamos. Sin embargo, la pregunta es hasta dónde las elecciones legitiman el camino seguido o permiten hacer uno diferente. Sí, las elecciones son importantes, pero Paraguay tiene que plantearse: ¿Sirven las elecciones si sólo se aceptan sus resultados en tanto avalen el sistema de desigualdades subyacentes al Estado? Una elección no puede ser base de una democracia sólida si el único resultado perdurable, permanente y respetado es aquél que conviene a los sectores poderosos. Las mejoras en el sistema electoral no alcanzan; nuestra cultura política es tradicional y de adscripciones más partidarias que programáticas, hay poco vinculo entre la gestión y la rendición de cuentas ante la ciudadanía y una altísima
corrupción estatal funcional al clientelismo y el uso de recursos del Estado para beneficio de grupos económicos.

Sus causas

Hay una raíz histórica muy antigua pero relevante: Paraguay surge de un proceso de sometimiento de la población originaria y mestiza que hoy es la población campesina; un país eminentemente rural hasta hace unos años, cuando aumenta la población urbana. En el siglo XIX, la construcción del Estado paraguayo se hace sobre un sector criollo que pertenece a una
cultura diferente de la mayoría mestiza campesina y eso hoy se manifiesta como un divorcio entre el mundo urbano, asunceno, hispano parlante y el mundo rural, campesino, guaraní parlante. En la historia reciente, la dictadura (1953-1989) consolida un Estado autoritario y clausura el debate y el juego democrático.

Estos elementos configuran el sistema político y democrático actual, uno que marcado por un renovado interés en la participación política y la aparición de nuevos actores, temas, y perspectivas; y a la vez, un sistema que disgrega el voto progresista y facilita la concentración de resultados en partidos mayoritarios. El cambio real de esta configuración no pasa sólo por incrementar la incidencia externa -a la que imaginamos como ciudadanos que dicen “esto hay que hacer” y decisores que responden a esa demanda-; en Paraguay también hay que cambiar a las y los decisores, volverlos permeables a los problemas de la democracia y los sectores sociales.

Las soluciones

Oxfam en Paraguay