Plantación de soja mecanizada frente a las tierras de Marina kue, Curuguaty. Fotografía de Carolina Thiede para www.quepasoencuruguaty.org

El espejismo de la soja

Oxfam publicó la investigación “El espejismo de la soja. Los límites de la responsabilidad social empresarial: el caso de Desarrollo Agrícola del Paraguay”.

La responsabilidad social empresarial no sería suficiente

En Paraguay, 24.5 de las 31 millones de hectáreas de tierras de uso agropecuario está en manos del 1,6% de los propietarios. De las tierras usadas para cultivo, el 80% se destina al complejo sojero, mientras que menos del 17% se dedica a la producción de alimentos y otros rubros de renta del pequeño productor como algodón, tabaco o sésamo. La soja avanza mientras concentra tierra, riqueza y apoyo del sector público y privado.

La crisis financiera y la incertidumbre en otros sectores como el inmobiliario han estimulado el interés del capital privado por invertir en el agro y las adquisiciones de tierra a gran escala. Diversos fondos de inversión han situado en el punto de mira el negocio de la producción y exportación de materias primas agrícolas, que en Paraguay se centran en la producción y exportación de la oleaginosa.

En su publicación “El espejismo de la soja. Los límites de la responsabilidad social empresarial: el caso de Desarrollo Agrícola del Paraguay”, Oxfam revisa cómo se llevan a cabo estas inversiones, cómo afectan a las personas a nivel local, quiénes se benefician de ellas y si existe evidencia de impactos negativos, tanto directos como indirectos, a nivel local y nacional. Su análisis abarca al sector sojero en general, pero se centra en las prácticas de responsabilidad social empresarial de la compañía DAP.

Para Oscar López, Director de Oxfam en Paraguay, “muy lejos de representar oportunidades para los sectores campesinos, las inversiones que capta el sector agrario en Paraguay, causan una mayor competencia por la tierra y causan graves impactos sobre el medio ambiente, la salud de las personas y sus medios de vida; esto debe cambiar cuanto antes”, afirmó.

Para Oxfam, el cambio pasa por completar el proceso de reformas que erradiquen la injusticia fiscal y alimentaria, como garantizar acceso a la tierra e inversión de calidad para la agricultura familiar, que produce la mayor parte de los alimentos consumidos en el mundo en desarrollo. “Tanto la inversión pública como la procedente del sector privado puede y debe desempeñar un papel fundamental en la consecución de un crecimiento económico incluyente, sostenible y que erradique la pobreza y desigualdad. Esto exige real compromiso y responsabilidad de empresas y gobierno, así como la revisión y cambio de rumbo del modelo productivo del Paraguay”, concluyó López.

Y es que según el censo agropecuario de 2008, la agricultura familiar solamente posee 1.900.000 hectáreas, aún cuando en el pasado el INDERT (y anteriormente el IBR) le asignó más de 3.800.000 hectáreas, sobre todo en la región oriental, donde se concentra hoy la producción de soja. Esto significa que en ese período han pasado a manos de grandes y medianos propietarios la mitad de las tierras que habían sido distribuidas a personas sujetas a la reforma agraria.

Además, las ganancias millonarias del agronegocio paraguayo prácticamente no pagan impuestos. Por los 30 millones de hectáreas de tierra productiva agropecuaria apenas se recaudan 0,16 dólares por hectárea y año. La soja, además, aún no paga impuesto a las exportaciones.

La (i)responsabilidad social de un modelo de producción injusto

tapa_el espejismo de la sojaLa soja se obtiene mediante un sistema de producción que inevitablemente impacta sobre el medio ambiente, la salud y los medios de vida de las comunidades vecinas a las plantaciones. Los actores de la agricultura empresarial, especialmente las empresas sojeras, recurren a distintas estrategias para adquirir el control de la tierra y expandir la producción en las fincas campesinas. Lo hacen por medio de la compra directa, el alquiler de propiedades, la expulsión mediante contaminación por la aplicación intensiva de agrotóxicos, cuando la siembra se realiza hasta el límite del núcleo de población y a través de mecanismos de endeudamiento mediante crédito.

El estudio publicado por Oxfam muestra que, a pesar de acciones y esfuerzos positivos emprendidos por DAP, sus operaciones en comunidades como Santa Rosa, Colonia Barbero, 12 de Junio y Agüerito, en los departamentos de San Pedro y Concepción, no compensan los problemas generados por un modelo de negocio que tiende a profundizar la concentración de la riqueza y la tierra, contamina el entorno, daña la salud de las personas, compite por recursos limitados y pone en riesgo los medios de vida tradicionales de las comunidades campesinas e indígenas.

La gravedad de estos impactos demuestra cómo la responsabilidad social empresarial y los esquemas de tipo voluntario tales como la Mesa Redonda de Soja Responsable (a la que DAP está en proceso de afiliarse) resultan insuficientes para garantizar una efectiva protección los derechos de las comunidades locales. Incluso en el caso de DAP, una empresa comprometida con apoyar el desarrollo comunitario y abordar el impacto de sus operaciones, las debilidades en la implementación de su política de responsabilidad empresarial han dado lugar a más problemas que beneficios. Si esto es así en el caso de DAP, cabe esperar impactos mucho más dañinos en el resto del sector, dado que la mayoría de las empresas sojeras ni siquiera tienen en cuenta su impacto sobre el entorno en el que operan.

Por tanto -y dados los límites de la responsabilidad empresarial- para alcanzar un modelo de producción más justo, garantizar el respeto a los derechos humanos y proteger la biodiversidad y el medio ambiente, se requiere -tal y como señalan las recomendaciones del informe- normativa estatal y empresarial más estricta y sin duda mecanismos más eficaces de fiscalización de su cumplimiento.

El estudio “El espejismo de la soja” ha trascendido el análisis de las prácticas de la empresa DAP en particular para examinar el modelo de agricultura intensiva y a gran escala que se está expandiendo a gran velocidad en Paraguay. Es importante señalar que existen otras empresas dentro del sector de soja cuyos impactos probablemente sean mucho más graves que los de DAP. No se debe considerar, por tanto, como un caso representativo sino como uno seleccionado precisamente por presentar rasgos diferentes, supuestamente más respetuosos con el entorno local. El estudio se realizó entre los meses de febrero y abril de 2013.

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