Exclusión social

El economista y consultor Hugo Royg Aranda, ex Ministro de la Secretaría Técnica de Planificación, explica las principales consecuencias de la exclusión y su efecto en nuestra sociedad. 

Alcance y reproducción de la pobreza

Más allá de las definiciones y técnicas de medición, para pensar nuestro futuro es sustancial comprender cuánto y cómo afecta la pobreza a las personas individualmente, y a todos nosotros como sociedad.

Alguien que es pobre no puede vivir en la plenitud de sus capacidades y potencialidades porque su vida cotidiana es una realidad marcada por carencias alimenticias, educativas, de salud, de vestimenta y de viviendas. Además, es más frágil, se expone a más riesgos y tiene más limitaciones para hacer frente a los desafíos cotidianos. En Paraguay la pobreza está presente en todas sus manifestaciones. Normalmente, la expresamos en términos del valor de una canasta básica de alimentos, sumado a los bienes y servicios mínimos necesarios. En consecuencia, la pobreza alcanza al 32,4% de la población. Y la pobreza extrema llega al 18% en el país: es decir que 2.100.000 personas pobres -que viven en el Paraguay- no alcanzan a ganar lo suficiente para alimentarse adecuadamente.

Pero la pobreza también tiene una cara de bajos niveles de educación. En promedio, una persona pobre tiene sólo 7,5 años de estudios y si vive en zonas rurales tendrá poco más de 5 años de escolaridad. Como si esto fuera poco, las personas pobres no acceden a los bienes y servicios públicos. El 30% de los pobres extremos nacen desnutridos; el 30% de los pobres extremos no accede a agua segura y el 25% de la población padece hambre. Ciertamente los indicadores de pobreza, como los de calidad de vida, muestran la realidad de una persona pobre y no nos permiten visualizar un futuro alentador. En una sociedad muy dinámica como la paraguaya, muy abierta al mundo por el flujo de comercio, por un dinamismo productivo de los sectores agrícolas ganaderos, contamos con personas que no tienen la formación adecuada o carecen de las capacidades para trabajar y generar ingresos. Es decir, no pueden aprovechar las posibilidades que podrían darse debido a la coyuntura económica. Paraguay ha tenido un dinamismo económico importante, ha pasado de una tasa de crecimiento promedio en la década del 90 y del 2000 del 2% anual acumulativo, a una tasa de crecimiento cercano al 5% anual acumulativo, llegando inclusive en el 2010 a una tasa del 15% de crecimiento de la economía. Pero con los indicadores sociales señalados, estas tasas de crecimiento no pueden ser aprovechadas, no se da la teoría del “derrame” según la que la riqueza se distribuye a toda la sociedad. Porque no existe posibilidad en estas personas de generar ingresos, aprovechar o invertir.

La pobreza en Paraguay, antes que indicadores, es la realidad de esa gran cantidad de personas que están absolutamente excluidas del sistema económico y social. Y por ello, excluidas de un futuro diferente.
Un modelo de producción muy dinámico y un Estado que no asume la garantía de derechos

Una persona pobre no es alguien que ha caído de la clase media. En la mayoría de los casos, es una persona que proviene de una familia pobre y, en consecuencia, es hijo y nieto de pobres. Al indagar acerca de las causas de esta situación, se las encuentra en el fundamento de un modelo económico que privilegia las grandes organizaciones empresariales y abiertas al mundo; en sectores que forman parte de una clase política beneficiada por 35 años de dictadura y por 20 años de una democracia clientelar y prebendaria. Asimismo, la pobreza se instaló en una sociedad en la que diferentes sectores en distintos momentos centralizaron o monopolizaron la propiedad de los principales insumos (tierra, recursos naturales e inclusive mano de obra barata y desprotegida), el dinamismo de sectores económicos proveedores del Estado y el dinamismo de sectores vinculados a la construcción de represas con Brasil o con Argentina.

En consecuencia, al mirar la pobreza y buscar sus causas uno encuentra grupos que han generado renta de un sistema económico y político que desarrolló condiciones favorables a los mismos; y casi simultáneamente generó una masa de personas pobres sin condiciones de “subirse al tren del desarrollo”.

Las familias pobres han sido históricamente excluidas de las redes sociales, de las redes políticas y de la estructura económica. La consecuencia es que hoy son personas que no pueden aprovechar ni siquiera las ventajas de la comunicación, de la globalización, de un mayor dinamismo económico, de los beneficios de un sector público que en los últimos 20 años ha cambiado y que ya no es tan clientelar ni prebendario como en la época de la dictadura.

Esta situación se ve mantenida debido a que todavía tenemos un sector público que no asume la garantía de los derechos a todos los que viven en este país: sean hombres, mujeres, niños, personas con discapacidad, extranjeros, indígenas, etc. Tenemos un Estado al que le cuesta llegar a los sectores alejados de la metrópoli, que le cuesta llegar a los más vulnerables.

De esta manera, encontramos por un lado causas históricas y estructurales, con un modelo de producción dinámico, que solamente aprovechan algunos sectores por lo que las brechas se van agudizando. Esta situación convive con un sector público incapaz de generar condiciones diferentes desde las políticas públicas debido a su escasa capacidad de rectoría y de gestión.

Oxfam en Paraguay